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Testimonio de Javier Martínez, misionero javeriano

Compartimos en nuestro blog una entrevista realizada al misionero Javier Martínez días antes de su ordenación, en enero de 2013.

¿Cómo surgió tu vocación misionera?

La vocación misionera, como cualquier otro tipo de vocación, no se entiende sin referencia a la primera vocación que es la llamada a la vida cristiana, a vivir el Evangelio, a la fe. En este sentido, ya desde la niñez fue determinante el testimonio de mi familia, la participación en las catequesis y vida de la parroquia de mi pueblo de Ólvega y, muy especialmente, mi paso por nuestro Seminario diocesano "Santo Domingo de Guzmán". Para mí, el Seminario fue "escuela de vida cristiana", ámbito privilegiado para escuchar la voz de Dios y hacer discernimiento vocacional. La tarea de formadores y compañeros hizo posible todo esto, así como el contacto con la vida del pueblo soriano y la participación en los acontecimientos de la vida diocesana.
La inquietud misionera surgió bien temprano, desde la escucha siendo niño de la experiencia del misionero comboniano Santiago en Ólvega, la visita de misioneros a nuestro Seminario y, especialmente, las experiencias vividas siendo seminarista mayor en República Dominicana y en Bolivia.

¿Por qué los misioneros javerianos?

En el discernimiento vocacional que yo hacía junto a mi acompañante espiritual fue especialmente significativa la participación en una Javierada (peregrinación al santuario de Javier) organizada por la Diócesis. Aquella experiencia fue decisiva para entrar en contacto con una congregación misionera que estuviera inspirada en la figura del gran misionero navarro Francisco Javier. Fue así de esta manera como entré en contacto con los misioneros javerianos.

¿Cuál ha sido tu itinerario con los misioneros javerianos?

Primeramente tuve un año de conocimiento mutuo, participando en algunas actividades, visitando sus comunidades, recibiendo la visita donde vivía de algunos javerianos… Después, en mi caso, hice la etapa del postulantado en Madrid, durante un año. La siguiente etapa es la del noviciado: dos años viví en Italia, en las ciudades de Ancona y Udine. Al término de este periodo, en 2007 emití los primeros votos religiosos. En octubre de ese mismo año llegué al norte de Brasil, en plena selva amazónica; allí compartí la vida del pueblo amazónico por tres años. En octubre de 2011 realicé en Roma la Profesión perpetua con los misioneros javerianos, en el marco de la canonización de nuestro fundador, Guido María Conforti. Este último año vivido en España ha estado fundamentalmente dedicado a los estudios, elaborando una tesina para obtener la especialización en Teología Pastoral. Ahora, con gran alegría, espero la Ordenación presbiteral que tendrá lugar el 26 de enero, sábado a las 18.00 horas en la parroquia de "El Salvador" de la ciudad de Soria. Celebraré la primera Misa en la parroquia de "Santa María la Mayor", de Ólvega, al día siguiente a las 12.00 horas.

¿Qué recuerdos tienes de tu experiencia vivida en Brasil?

Lo que primeramente me viene a la mente es el rostro de personas concretas y su situación, que revela los males y problemas sociales que allí existen. Pienso en Doña María, analfabeta, que trabaja en una hacienda alejada del núcleo urbano en condiciones degradantes; en Deusa que sufre la violencia y los malos tratos de su compañero; en seu Pedro, invalido, que vive en una cabaña sin terminar; en Silvana, enferma, abandonada por su marido y que hay días que no tiene que dar de comer a sus hijos; en Bidú, joven que se introdujo en el mundo del tráfico de drogas y murió asesinado…y en tantos otros. Considero el mundo de los pobres, sus problemas y sus luchas como el lugar más apto para la vivencia de la fe en Jesús y para la correspondiente práctica del "seguimiento".

¿Qué dirías a los diocesanos de Osma-Soria pocos días antes de tu Ordenación?

En primer lugar que me siento uno más; me encantaría expresar mi sentimiento de agradecimiento. Deseo todo lo mejor en este Año de la fe y en este proceso de Misión diocesana en el que nos encontramos. Como muy bien se ha dicho, en estos momentos donde se busca una renovación de la fe y de la vida diocesana, es fundamental tomar en serio los retos que supone la conversión personal y eclesial, y encontrar cauces para una mejor vivencia y profundización de la experiencia de fe. Todo ello llevará a una Iglesia más viva y evangelizadora (misionera), tal como se propuso el último Sínodo diocesano.