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Alberto Cisneros (Nicaragua)

LE RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN (MAYO 2014)
Desde NPH-Nicaragua

Siempre me ha gustado mucho este evangelio, creo que me veo reflejado en estos dos discípulos que el dolor les impedía ver a Jesús que caminaba con ellos. Quizás sea mi experiencia de vida, cuando mis angustias y decepciones me impedían ver a Jesús a mi lado. Él se acercaba y yo no era capaz de reconocerlo.
Y como con los discípulos de Emaús probó con otro método, esta vez con el oído, y hubo personas que me mostraron en mi vida las maravillas de la Palabra. Era Dios quien me interpelaba con su Palabra, es verdad que ardía mi corazón pero seguía sin encontrarlo, o mejor dicho sin reconocerlo a mi lado.
Y como el Señor no se cansa de nosotros utilizó otros sentidos de mi vida para que lo reconociera, esta vez los del gusto y el tacto. Y al igual que con los de Emaús me conquistó al compartir la mesa. Mi madre siempre dice que “a un hombre se le conquista por el estómago” y que razón tiene. Delante de los discípulos “Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”. Y entonces sí: “A ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron”.
Yo reconocí al Señor al compartir la mesa, la mesa de los pobres, al ver a Jesús como toma el pan de manos generosas, al descubrir la bendición de Dios para sus pequeños, al partirlo en miles de pedazos y repartirlo entre los mas necesitados. Y contemplando como actuaba Jesús me enseña que la nueva evangelización debe pasar por mucha misericordia y paciencia, y por la fracción del pan con los que están al borde del camino. Partir y repartir con aquellos que tienen hambre y sed de justicia, de un cielo nuevo y una tierra nueva.
“Le reconocieron al partir el pan”, era su gesto de identidad como resucitado y este debe ser nuestro gesto identificativo de que Cristo vive en medio de nosotros. Y cuando uno lo descubre en el partir el pan se le ilumina la vista y el oído para reconocerlo en las personas que te rodean y en su Palabra.
Compartir con los Pequeños y con las personas sencillas de Nicaragua me abre a reconocer a Jesús a mi lado, a verlo en cada uno de los niños que sirvo y a amarlo incondicionalmente en cada abrazo que doy o recibo de mis hijos prestados, pero que quiero como si fueran míos. Y sus alegrías son las alegrías de Jesús y las mías, y sus sufrimientos son los de Jesús y los míos.
Quiero contaros lo que ha sido este comienzo de año. Nicaragua es un lugar de bendición porque al igual que tembló la tierra cuando Jesús murió en la cruz o se aparecía resucitado a sus discípulos, aquí también la tierra tiembla y mucho. Hemos estado en alerta roja por terremoto (todavía sigue la capital en alerta). Ha habido cientos de temblores desde el 10 de abril, pero gracias a Dios la mayoría han sido de pequeña magnitud. Todo ello produjo que se activara la seguridad por miedo a la erupción de algún volcán, somos el país con el mayor número de volcanes activos. Los niños de Managua llevan ya casi un mes sin clases, nosotros no hemos dejado de tener ni un día gracias a Dios. En casa P. Wasson hemos sentido algún sismo pero todo quedo en sustos. Tenemos el plan de evacuación al día y las reservas de bodegas para mantenernos por más de un mes si pasara algo serio. Más miedo han pasado nuestros hijos universitarios en Managua, les tocó dormir más de un día en la calle por seguridad y allí ha estado temblando a diario. Pero han vuelto a las clases y a la normalidad. Según dice el gobierno parece que todo va a remitir y que ya ha pasado el peligro. Nosotros lo vivimos con normalidad, uno se acostumbra a sentir que bajo tus pies la tierra siempre tiembla.
La época de lluvias que está a punto de empezar (ya llevamos dos días lloviendo un poquito después de 6 meses de sequía) ayuda a que baje la intensidad de los sismos. Ya hemos preparado los campos para la llegada de la tan deseada lluvia para comenzar las siembras de arroz, frijol, maíz y yuca.
Con el nuevo año se construyeron dos invernaderos, gracias a la generosidad de un donante, y vamos a tener de continuo verdura (tomate, pimiento, calabacín,…) sin tener que comprar e incluso poder vender el excedente. También pudimos comprar dos vacas lecheras para que no les falte la leche a los más pequeños.
Contaros que en febrero pusimos en marcha ya 4 talleres vocacionales: corte y confección, zapatería, electricidad residencial y soldadura. Eso significa que nuestros alumnos de secundaria por la mañana van a sus clases normales y por la tarde se preparan en una profesión técnica, para que tengan más herramientas para poder salir adelante en este país de pocas oportunidades. También iniciamos este año las catequesis del Buen Pastor con los niños de 3 a 8 años, con la pedagogía Montessori, y es una gozada ver como expresan la fe y como están abiertos a la gracia. En lo que llevamos de año hemos tenido más de 20 ingresos aunque también han sido varios los que han decidido ya volar por su cuenta. A estos siempre les damos seguimiento, no dejan de ser hijos aunque ahora independientes.
La Semana Santa ha sido muy bonita, son días en que nos vemos muy reflejados por el sufrimiento vivido y la resurrección a una vida nueva. Los sismos han llenado los templos, Dios se sirve de todo para atraer los corazones de sus hijos. Los días previos fuimos con una carreta de bueyes a la peregrinación al santuario nacional de Jesús del Rescate, con este es el tercer año que participo con un grupo de chavalos y chavalas de la casa, una buena manera de prepararnos para los días grandes.
Ya tenemos los planos de lo que será la nueva Capilla para la casa, con todos los estudios técnicos estructurales. Parece mentira el dinero que se va, antes de arrancar, en arquitectos y técnicos. Pero creo que este año comenzaremos aunque sea la primera fase. Va a ser muy funcional y hermosa, a la par que sencilla. Los chavales la están pidiendo.
Como veis ha sido un comienzo duro el de este año y no siempre hay tiempo para escribir. Perdonad si no contesto personalmente a los correos que recibo. Muchas cosas más podría contaros pero esas no se pueden expresar con palabras, hay que estar aquí y vivirlas al lado de mis hijos. Os doy las gracias por cuidarnos en la distancia, sin vuestra ayuda y oración sería más difícil sacar a los Pequeños adelante.
¡Feliz Pascua! Que Dios llene vuestro corazón con la alegría de la resurrección.
Padre Alberto